El origen de la imagen puede situarse hacia 1680, cuando un indígena p’urhépecha de la isla de Pajacuarán, al pescar en las aguas cercanas al lago de Chapala, recogió entre sus redes una raíz
Ya en su choza, él y su familia advirtieron que aquel madero figuraba la imagen de la Santísima Virgen María con el Niño Jesús en brazos, por lo que comenzaron a rendirle culto doméstico.
En 1710 se le edificó una capilla de adobe cerca del río Celio y, a la postre, en 1750 se construyó el antiguo santuario, en el sitio que todavía ocupa.
Entre 1695 y 1704 un fraile agustino llevó a España la imagen del Niño, sustituyéndola por una réplica; así su paradero se perdió en el mapa europeo.
Desde inicios del siglo XVIII se celebra hasta hoy su festividad el 8 de septiembre. La devoción se expandió rápidamente hacia la villa de Zamora y diversos pueblos de la región hasta Jiquilpan, entre españoles, indígenas,
mestizos y mulatos.
Hacia mediados del siglo XIX desapareció la réplica del Niño Jesús, quedando únicamente la efigie de la Virgen. El Pbro. José Antonio Plancarte y Labastida obtuvo que el 8 de septiembre de 1877, por mandato del papa Pío IX, la imagen cambiara su advocación de la Raíz a la Esperanza.
La coronación solemne de la Imagen tuvo lugar el 14 de febrero de 1886, presidida por el arzobispo de México, el Ilmo. Sr. Pelagio Labastida y Dávalos, ante una multitud de quince mil fieles provenientes de distintas partes del país. De este modo, se convirtió en la primera imagen mariana coronada en América.
En agosto de 1925 la imagen sufrió el robo y posterior recuperación de su corona pontificia.
Durante la persecución religiosa (1926-1929) fue resguardada en domicilios particulares para evitar su profanación. Protectora de los cristeros de las regiones de Zamora y Uruapan, dirigidos por el general José María Méndez Plancarte; ante su imagen se llevó a cabo el armisticio cristero el 15 de agosto de 1929, en la parroquia de San Agustín. El más célebre del occidente de Michoacán.
Tras un plebiscito favorable entre los fieles, el 14 de febrero de 1952, por decreto del papa Pío XII, fue proclamada patrona celestial de la diócesis. La ceremonia tuvo lugar en la Santa Iglesia Catedral con la presencia de la venerable original,
presidida por don Guillermo Piani, delegado apostólico en México, junto a otros doce prelados del país.